El Complejo Fitzgerald

Jan 18th, 2010 | By Javier Moro | Category: Reseñas

El Complejo Fitzgerald

José Mariano Leyva

Fondo Editorial Tierra Adentro

La figura del escritor norteamericano Francis Scott Fitzgerald sigue tan viva como cuando se paseaba del brazo con Zelda, su hermosa esposa, por las lujosas salas de baile del París de la post-guerra. Y para reafirmarlo basta leer el libro de ensayos presenatdo por José Mariano Leyva, en donde la figura de del escritor nacido en Saint Paul, Minneapolis, se reafirma como la figura rectora de muchas generaciones de escritores jóvenes.

Fitzgerald, el autor que a los veinticuatro años alcanzó el éxito literario con su primera novela, “Al Este del paraíso”, es retomado por el ensayista e historiador mexicano  Mariano Leyva, a partir de su figura y de su mito, analizar la obra de toda una generación de escritores,  que triunfaron antes de haber cumplido los cuarenta años.

Autores que se transformarón en la encarnación viviente del mito “fitzgerlaldiano”: jóvenes y triunfadores. Salvajes e irónicos, entre los que José Mariano Leyva revisa en este su segundo libro, editado por el Fondo Cultural Tierra Adentro, a Brett Easton Ellis, Chuck Palahniuk, al escocés Irving Welsh, al canadiense Douglas Coupland y al francés Frederic Beigbeder.

Bret Easton Ellis, el mas joven de ellos, publicó Menos que cero, su primer novela a los veintiún años en 1985. Welsh, Palanhiuk y Beigbeder, contaban con treinta y cinco años cuando sus nombres irrumpieron en el mundo de las letras.

Pero las coincidencias en la edad en la que empezaron a publicar no es la única característica que José Mariano Leyva (Cuernavaca, 1975) encuentra a lo largo de este libro de ensayos.

José Mariano se  adentra en las obsesiones de estos autores  y afirma que sus obras de iniciación  romperían, gracias a su juventud, con paradigmas que dominaban la narrativa contemporánea.

Autores que desnudarían las pesadillas del sueño norteamericano, como en el caso de Palahniuk  y Ellis,  o autores que se sumergieron en el infierno que dejó tras de sí el gobierno conservador de Margaret Thatcher en la Inglaterra de los años ochentas: desempleo, drogadicción y Sida, en el caso de Irving Welsh, y que lograrón afrontar dichos retos creativos precisamente a que su juventud no los vinculaba con nadie más que sus deseos de trascendecia.

Autores, que en la mayoría de los casos, se enfrascarón en un duelo a muerte con la  realidad más cercana; hablarón de ella, la desmenuzaron, logrando que sus obras quedarán como referentes históricos de un tiempo, la década de los años ochentas del siglo XX, dominado por el capitalismo más rapaz, por la música pop, MTV, el consumismo más ramplon y los peinados estilizados.

Autores prolíficos, desparpajados, brutales, que se atrevieron a enfrentarse con los temas más cotidianos dentro de la sociedad globalizada,  fanfarrona y consumista, en la cuál nos ha tocado vivir. Autores que se atrevieron a bucear en los infiernos personales, en los fantasmas, en las culpas y en las violencias de nuestras sociedades. De eso es lo que nos habla el autor de “El Complejo Fitzgerald”, en donde el autor analiza, buscando hacer una instantánea de nuestra época a través de la obra de estos autores. Porque los temas de estos ellos son los temas de nuestro momento histórico, de nuestra cotidianidad.

Pero también, hay que decirlo, lo que José Mariano Leyva hace es retratar sus  obsesiones personales: la violencia, el sexo, el amor, la soledad, son buscados en las páginas de las obras de otros para aclarar nuestras ideas. Porque finalmente también eso es el ensayo. Una búsqueda personal. Una búsqueda en las obras de otros de los temas que nos inquietan, nos molestan. Y justo ahí radica uno de los méritos más importantes de este libro: en la búsqueda de respuestas, en la necesidad de enfrentar nuestra visión con la obra de los otros.

Pero José Mariano Leyva tiene el valor de buscar las respuestas al interior de esas odres llenas de vida, de furor, de pasión, libros que brillan marcando derroteros que el ensayista y periodista cultural recorre buscando unir las piezas de esos universos personales, en donde parece brillar el caos como esencia de una literatura flamígera y militante, que ha descubierto que en las temáticas más cercanas, se encuentra una veta riquísima para analizar y comprender el tiempo que nos tocó vivir.

José Mariano Leyva, autor también del libro El Ocaso de los Espíritus: El espiritismo en México en el siglo XIX,  sigue actuando como el historiador que es, pero ahora rastreando los cambios sociales y culturales que atraviesan a la sociedades contemporáneas a través de las páginas de estas novelas, de estas historias, que son vistas como documentos históricos, que han atrapado el espíritu de toda una época.

“El Complejo Fitzgerald” es un libro de ensayos que esta escrito a la misma velocidad que las novelas que analiza, con la misma pasión, y que se encuentra dividido en dos partes: la primera  La realidad vista a través de la literatura, le permite al autor realizar una disección de las temas antes descritos: amor, violencia, el execeso de información y el nihilismo como visión objetiva para entender el mundo.

La violencia es uno de los temas centrales que cruza a la mayor parte de las novelas de los autores enumerados: el primero de ellos, Brett Easton Ellis, por supuesto, autor emblemático de este tema. “American Psycho”, novela publicada en 1991, es una novela que realiza una cruda disección sobre cómo la violencia se  ha integrado de tal manera a la cultura occidental, que ha terminado por convertirse en una parte consustancial a la cultura pop de nuestros tiempos. Una sociedad en donde la marca con la que se corta en pedacitos a un ser humano es más importante que el propio ser al cuál se esta descuartizando.

Pero la violencia no sólo es física, también es psicológica, social, y Bret Easton Ellis no es el último de sus detractores, a pesar de que fue el que se acercó a ella de la manera más cruda.  Palahniuk y Beigbeder son autores que también escarban en las fronteras de la violencia para criticar acidamente a la sociedad mundial, que parece sentirse cada vez más a gusto con ella como compañera.

Observador conspicuo de su sociedad, Palahniuk recrea en sus obras, mitos generacionales, en donde la violencia es el motor transformador de nuestras sociedades degradas. Lo que Palahniuk nos deja ver es la frustración que domina en las clases sociales más desprotegidas económicamente. Porque sí en “American Psycho” la violencia es el lenguaje de un yupi que trabaja en la bolsa de valores de Nueva York, en The Fight Club, la violencia es el lenguaje elegido por los desarraigados. Porque la violencia en realidad es el lenguaje cotidiano, un lenguaje que todos entendemos.

Lo que José Mariano detecta, en la mayoría de estos autores es un sentimiento de nostalgia enquistado en los más profundo de la psique de todos ellos. Hay algo que nos falta, a todos, y eso tal vez sea la necesidad de creer que otro mundo era posible.

Sin embargo para los autores nacidos en los sesenta no hay vuelta atrás y la solución es sencilla: es el nihilismo o la muerte. La frialdad de un mundo vacío en donde ni la violencia, ni las drogas pueden salvarnos.

La segunda parte del libro titulada La Literatura a través de la realidad, nos da cuenta sin embargo, que el desencanto no es la parada final de esta generación: lo que queda es el crack, la resaca después de la fiesta, el cansancio y el hartazgo. La vida monótona de los suburbios que esconde las caras monstruosas de nuestra realidad.

Lo que queda después de Welsh y las drogas, Palahniuk y el nihilismo, de Beigbeder y la ironía, es George W. Bush y su triste moral  y el triunfo de un pop descafeínado y simplón, el triunfo de una religiosidad simplona y pendenciera. El fin de la fiesta.

Sin embargo para José Mariano Leyva, la rebeldía y la fuerza de esta generación radica  precisamente en su visceralidad, en su determinación de ser testigos fieles de la locura que parece embargarnos.

Es ahí en donde José Mariano observa una de los grandes huecos de nuestra literatura, su asignatura pendiente, pues parece que hay muy pocos autores que se decidan a tomar nota de los tiempos turbulentos en los que vivimos, pocos lo que quieren tomar el papel de ser los testigos de nuestra caótico camino  hacia el futuro. Porque José Mariano como historiador que es, prefiere ver el futuro en la literatura, porque ahí se pueden encontrar las claves secretas de nuestro desarraigo, de nuestra orfandad.

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